17.9.19

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La profundidad filosófica de quién fue emperador

 

                                A lo largo de los años, me he referido a él en bastantes ocasiones; y copiado de su intelecto sus sabias enseñanzas; puesto que fue un gobernante del que gozaron sus gobernados, cosa poco frecuente, tal y como se gobernaron y gobiernan a los pueblos. Como el libro que de él poseo, es inagotable; hoy reflejo, algo que si bien lo he leído muchas veces, pero con la fuerza que ese texto entra en mi mente,  hoy; es lo que me obliga a ello; puesto que "nuestro caletre", no está siempre preparado para recibir, "ciertos alimentos intelectuales, sino que por el contrario, suele estar obstruido o durmiendo". Veamos y tratemos de entender lo que "nos dice" el sabio.

                                "Ante los exquisitos manjares y otros alimentos que me son presentados, puedo perfectamente decirme: esto es un cadáver de pescado, aquello un cadáver de pollo o de cerdo; o también, este falerno, es un poco de zumo de uva, aquel vestido de púrpura no es más que un tejido de lana vieja de oveja, teñido del color de sangre extraído de una concha. En cuanto a los placeres del amor, sólo son un contacto de cuerpos, un friccionar de nervios, que produce el espasmo y la secreción de una materia espermática. Y del mismo modo que estas ideas, que van directamente al hecho y penetrando en lo más recóndito de los objetos, dan a conocer lo que son en realidad, es necesario obrar con todas las cosas de esta vida. Cuando un objeto aparezca a la imaginación como muy estimable, hay que examinarlo interiormente, considerar su valor intrínseco y despojarlo de todo aquello que puede darle una dignidad ficticia. Una brillante apariencia es de seducción; por eso, cuanto mayor apego tienes por una cosa que te parece buena, tanto más grande es luego tu desilusión.

                                La mayor parte de las cosas que el vulgo iletrado admira se reduce a los objetos más comunes, que le llaman la atención por sus propiedades constitutivas o vegetativas, como las piedras, la madera, el bosque, las higueras, la viña, los olivos. Los seres algo más cultos se interesan por los animales, por ejemplo, por el ganado, por los grandes rebaños. Los individuos más ilustres todavía, aprecian los seres dotados de razón, aunque no siempre de razón universal, sino más bien de esa facultad que les hace aptos para las artes o para una industria cualquiera, o, del mismo modo, desean poseer una multitud de esclavos sin más objeto que su número. Pero el que aprecia la inteligencia suprema, la razón que gobierna al mundo y al género humano, no se preocupa de lo demás; únicamente procura coordinar todas sus afecciones y sus movimientos con lo que exigen esa razón universal y el interés de la sociedad, y ayuda a sus semejantes a obrar como él".

                                Son  pensamientos de Marco Aurelio; emperador romano; cuyos orígenes fueron, de la entonces Hispania y del sur de ella; que tanto aportó a Roma, y no sólo en hombres; puesto que "la segunda Roma se formó en las tierras que hoy ocupan el sur de la Península Ibérica.

                                Conviene por tanto, rescatar lo que poseemos de aquellos sabios estoicos, cínicos o de otras antiguas escuelas de la verdadera sabiduría (cuyas obras muchas se perdieron); y volverlas a enseñar e "incluso discutir en las escuelas; que se han convertido, en formar a seres mecánicos y apretabotones electrónicos"; lo que terminará por convertir al ser humano, en un pobre autómata o robot sin personalidad alguna; lo que indudablemente será un terrible y desolador retroceso, que puede dejarlo de nuevo… "al pie de los árboles de donde se nos dice, bajó alguna vez".

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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