26.3.14

Artículo de AGF para publicar y difundir: Gracias

La tierra, el agua, el Sol… “el milagro”

 

                                Desde que inicié hace ya muchísimos años, “este duro camino cual es el pensar y deducir”; empecé a maravillarme del mundo que me rodeaba; también a sentir miedo e incluso terror, al no entender apenas nada del cómo y por qué obraba como obraba, ese animal denominado “sapiens” y a cuya especie yo pertenecía.

                                Era yo muy pequeño, cuando viendo volar “por los cielos” algún “aeroplano” o avioneta; me preguntaba y no llegaba a entender, cómo “un aparato de metales pesados podía volar como los pájaros”; y mi asombro llegó al máximo, cuando mi abuela me llevó a una escuela “de las de pueblo” y aquel maestro, dijo una vez que… “habitábamos un planeta redondo que flotaba en el espacio infinito”; cuando él mismo, nos había asegurado que ese planeta en sus tres cuartas partes eran mares y océanos. ¿Cómo no se derramaban en el aire… pensé yo?

                                Aquello lo interioricé con mucha fuerza en mi pequeño cerebro y al llegar a casa, lo primero que hice es echar agua en un vaso y volcar el mismo, por lo que el agua se derramó. De inmediato yo me acordé de aquella redondez del planeta y de sus tres cuartas partes de agua y que flotando en el espacio… “ésta no se derramara”; y sonriendo (pienso) dije para mis adentros… “eso no puede ser, el maestro está loco”; y me fui a jugar a la calle, puesto que entonces, los maestros no ponían deberes para hacerlos en casa y los chiquillos jugábamos muchas horas del día, la mayoría de veces con juegos inventados por nosotros mismos… “eran tiempos en que no había juguetes para la mayoría de nosotros, cosa que ni notábamos, nuestra imaginación lo suplía”.

                                Después aprendí a leer… “leí todo papel que a mis manos llegó y pregunté por todo lo que por mi mente pasó, al interlocutor que tuve delante y me quiso responder”. Al final llegué a la conclusión, que el mejor libro a leer, era el que la Naturaleza ponía ante mis ojos y mi inteligencia; y aunque “éste no responde nunca”, pero enseña mucho… muchísimo más de lo que (los que no piensan) puedan imaginar.

                                Quiero significar con este apretado preámbulo, mis muchas referencias a ese libro, el que tanto me ha enseñado y al que muchas veces me refiero en mis escritos, puesto que es inagotable ya que Dios o la Creación (la denominación no me importa) de la que “partimos y dependemos”; ha escrito en el mismo todo lo que el ser humano necesita para prosperar y progresar de verdad… incluso los modernos sabios o científicos, “cuando inventan algo… resulta que ya La Naturaleza lo tenía inventado”; por tanto deduzco que en ese libro está todo, todo, todo; lo que necesitamos es aprender a interpretarlo y adaptarlo a la mejor y verdadera marcha que necesitamos como… “animal superior nacido o creado en este minúsculo planeta, que igualmente y en sí mismo es un enorme misterio, en su inmensa soledad en el inconmensurable cosmos; puesto que para que en el mismo se desarrolle la enorme diversidad de vida que en él prospera, tiene que gravitar en el lugar exacto en que lo hace, ya que si estuviera más cercano o lejano del padre Sol… sería imposible”.

                                Y en esa “trinidad material” pero igualmente maravillosa, cual es el Sol, el agua y la Tierra y su atmósfera; es donde se producen todos esos fenómenos naturales y maravillosos, que dan lugar a la vida en todas sus manifestaciones.

                                Las semillas de todo ello, son otro gran misterio, puesto que nadie sabe de dónde vienen o vinieron, cómo se formaron y mucho menos la enormidad de las mismas y que dieron lugar a tantos seres vivos, como existieron y existen; uno de los cuales somos nosotros mismos… “y también por aquello otro, de… ¿qué fue primero… si el huevo o la gallina?”. Lógico pues, aquel destello de gran sabiduría, del sabio de los sabios, cual fuera Sócrates, con su lapidario… “sólo sé que no sé nada”.

                                Y sobre todo ello y ya hace muchos años, yo “y en mi particular laboratorio”, una parcela de tierra de unos dos mil metros cuadrados y donde planté muchas semillas, cientos de árboles y arbustos y donde igualmente, existía (y sigue existiendo) su propia flora y fauna… he venido observando y experimentando lo que allí ocurre espontáneamente o inducido por la mano propia o de algún otro que contratado por mí, allí va periódicamente a realizar diferentes labores.

                                Me pregunté muchas veces y no he encontrado respuestas; el cómo introduces o plantas, múltiples semillas, esquejes, o plantones; y unos viven y fructifican, otros no… y sobre todo, como la misma tierra alimenta a todos por sí misma y unos los saca adelante y a otros no.

                                Maravilla el apreciar como una simiente traída de lejanos lugares, la tierra la recibe y acoge y de ella brota “algo” insignificante y que luego poco a poco, llega a romper el recipiente donde la plantaste y exige “ir a la tierra madre”, donde pasado el tiempo, se va formando y conformando un árbol que asombra la corpulencia a que llegó a tomar… otros han nacido raquíticos y luego mueren… y otros es que ni llegan a nacer, puesto que “la rotura” de la semilla no se produce y “el parto vegetal no tiene lugar por los motivos que sean”. No hablo de las flores… “no tengo espacio”.

                                Y si dejas “la vida vegetal” y observas la vida animal, desde las minúsculas hormigas al resto de los múltiples insectos que pululan por este minúsculo terreno; los pájaros, algunos mamíferos y reptiles… entonces te maravillas mucho más; puesto que te das cuenta, que ese pequeño terreno, en realidad es como un mundo o universo, en el que se desarrolla (incluso) la propia vida de seres, que nunca traspasarán las hipotéticas fronteras del mismo… “y donde hasta el agua de la piscina se está moviendo constantemente y en cualquier época del año, puesto que como el gran océano, en esta pequeña “pileta”… hay corrientes de agua”.

                                Sí… observar todo ello, es como ir leyendo un grandioso libro… y el que (pienso) debieran enseñar a leer, los Maestros… “si es que en verdad, quedan Maestros en este pobre mundo”, en el que sus habitantes, se han distanciado tanto de “La Madre tierra”, que ya y en mayoría, son unos pobres huérfanos “sin madre alguna”.

                               

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) 

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